Valeria Egea y la lucha por visibilizar la discapacidad en el sistema de salud
La licenciada Valeria Egea, kinesióloga y referente del Centro de Rehabilitación Integrar en Marcos Juárez, compartió en Cadena Sudeste la cruda realidad que atraviesan los prestadores de servicios para personas con discapacidad en Argentina.

Valeria Egea - Kinesióloga - Centro de Rehabilitación Integrar
“La discapacidad para mí nunca fue un tema tabú. Pero la sociedad la ve así. Si empezamos a conocerla, deja de doler”.
Valeria Egea y la lucha por visibilizar la discapacidad en el sistema de salud
Con 25 años de experiencia, Egea relata la lucha diaria de los profesionales, el desafío de mantener la atención frente a la crisis económica y la importancia de derribar los tabúes sociales sobre la discapacidad.
“Hace casi un año que estamos con el mismo arancel, y cobramos con meses de atraso. Es insostenible mantener rehabilitaciones de mucho tiempo sin que el Estado pague en tiempo y forma”.
Más que cifras y trámites, sus palabras reflejan un compromiso humano profundo: cada retraso, cada obstáculo, impacta directamente en pacientes y familias que dependen de estos servicios para vivir con dignidad.
Una emergencia que toca a todos
La situación del sector es crítica. Muchos centros cerraron en el país y numerosos profesionales se vieron obligados a abandonar la actividad. En Marcos Juárez, Integrar continúa abierto, pero bajo presión constante. Egea explica que la ley de emergencia de discapacidad aún no se implementa, dejando a los profesionales en un limbo económico y a los pacientes sin certezas.
“Seguimos trabajando, sosteniendo esto, y pedimos a los pacientes que nos ayuden a que el Estado cumpla con los pagos”.
El problema no es solo administrativo: es la diferencia entre la vida cotidiana de una persona con discapacidad y la posibilidad de perder su independencia y calidad de vida.
La realidad de Integrar: un centro integral para la vida
En Integrar trabajan 19 profesionales de distintas disciplinas, atendiendo a 75 pacientes. La atención combina kinesiología, terapia ocupacional, psicología, fonoaudiología, psicomotricidad y psicopedagogía. El enfoque es integral, incluyendo salud y educación, porque para Egea el acompañamiento no termina en la rehabilitación física, sino que debe sostener la vida del paciente en todos sus ámbitos.
“Es una lucha constante. Hay familias que dependen de estos servicios para la vida diaria, y no podemos fallarles”.
Más allá del tratamiento, el centro funciona como un espacio donde los pacientes pueden sentirse contenidos, escuchados y valorados, un refugio frente a un mundo que muchas veces no está preparado para incluirlos.
El desafío económico y la lucha por dignidad
El congelamiento de aranceles y los retrasos en los pagos hacen que la continuidad del trabajo sea cada vez más difícil:
“Hoy no se puede vivir con dignidad. El arancel quedó muy bajito, y hace casi un año que está planchado”.
A pesar de esto, Egea y su equipo no piensan en abandonar la labor. Su motivación proviene de la pasión por la rehabilitación y el compromiso con la vida de los pacientes, más que de cualquier interés económico.
Más allá de la atención médica: empatía y cultura
Para Egea, el problema de la discapacidad no es solo económico o sanitario: es cultural. La sociedad sigue esquivando el contacto con la realidad de quienes viven con discapacidad, desde la mirada hasta la interacción cotidiana.
“La discapacidad para mí nunca fue un tema tabú. Pero la sociedad la ve así. Si empezamos a conocerla, deja de doler”.
Advierte que incluso acciones simples, como acompañar a alguien ciego a cruzar la calle o preguntar qué necesita una persona con movilidad reducida, marcan la diferencia y fomentan inclusión.
Pasión, vida y compromiso
La vocación de Egea nació desde muy joven y se consolidó con la experiencia:
“Siempre fui curiosa con el tema, siempre me llamó la atención. No me veía en educación, buscaba trabajar en discapacidad”.
Esa pasión se refleja en la vida del centro: las rehabilitaciones son también espacios de alegría, vínculos y momentos compartidos, donde los pacientes pueden sentirse humanos, escuchados y valorados.
“Hace poco un paciente se largó a llorar y yo lloré con él. Necesitaba contenerlo de esa forma”.
Un llamado a la comunidad
Egea concluye con un mensaje claro y potente: la discapacidad no debe ser ignorada ni escondida, sino comprendida e incluida.
“Primero hay que involucrarse. Preguntar, acercarse, interactuar. No es difícil en absoluto”.
El desafío es colectivo: cada ciudadano, cada institución y cada gobierno tienen un papel en garantizar dignidad, inclusión y oportunidades reales para quienes viven con discapacidad.
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