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Marcos Juárez: el final de una época

El dato histórico es contundente: el peronismo volvió a ganar la intendencia de Marcos Juárez después de 53 años. La última victoria había sido en 1973

Cadena Sudeste·5 min de lectura
Marcos Juárez: el final de una época
Marcos Juárez: el final de una época
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Hay elecciones que cambian un gobierno. Y hay elecciones que cambian una época.

La elección de Marcos Juárez pertenece a la segunda categoría.

El triunfo de Germán Font, con alrededor del 46% de los votos y una diferencia superior a los 25 puntos sobre Pedro Dellarossa, no puede explicarse solamente por una buena campaña, por el respaldo del oficialismo provincial o por la fragmentación de sus adversarios. Es, fundamentalmente, la expresión electoral de una sociedad que decidió abrir una nueva etapa.

El dato histórico es contundente: el peronismo volvió a ganar la intendencia de Marcos Juárez después de 53 años. La última victoria había sido en 1973. Desde entonces, la ciudad construyó una identidad política fuertemente alejada del justicialismo, hasta convertirse en 2014 en el denominado “kilómetro cero” de Cambiemos.

Pero esta elección no solamente devuelve al peronismo al poder municipal. También deja en evidencia que aquel esquema político que parecía consolidado durante más de una década llegó a su límite.

Una oposición que no pudo leer el momento

La derrota de Dellarossa tiene una explicación evidente: la oposición llegó fragmentada.

El escenario que durante años había tenido un liderazgo claro se dividió en distintas candidaturas. Dellarossa, Verónica Crescente, Gerardo Pasquali y otros espacios terminaron disputando un electorado que, dividido, perdió capacidad de construir una alternativa competitiva frente a Font.

La paradoja es evidente: mientras el peronismo logró ordenar sus fuerzas detrás de una candidatura, el campo opositor multiplicó sus ofertas.

Y en una elección municipal, donde cada voto pesa y donde el conocimiento de los candidatos es determinante, esa fragmentación puede convertirse en una sentencia.

No alcanzó con apelar al pasado. No alcanzó con recordar viejas victorias. Tampoco alcanzó con el peso de los nombres nacionales.

Marcos Juárez estaba pidiendo otra cosa.

La sociedad votó cambio

Quizás el dato político más importante de la elección sea precisamente ese: el cansancio con una forma de hacer política.

Durante años, Marcos Juárez estuvo atravesada por los mismos nombres, las mismas estructuras y las mismas referencias políticas. Dellarossa fue intendente, proyectó su liderazgo fuera de la ciudad y convirtió a Marcos Juárez en una plataforma política de enorme relevancia. Sara Majorel continuó ese proceso y el oficialismo logró retener el municipio en 2022 frente a Crescente.

Pero ocho años después del nacimiento del “kilómetro cero” de Cambiemos, el escenario cambió completamente.

La ciudadanía no votó solamente entre Font y Dellarossa.

Votó entre continuidad y renovación.

Y eligió renovación.

Una elección que jubila dirigentes

Hay otro mensaje que no debería ser ignorado.

Esta elección jubila políticamente a varios dirigentes, o al menos obliga a revisar profundamente su lugar en el escenario local.

Dellarossa es, sin dudas, el principal nombre que queda golpeado. Pero no es el único. También queda interpelada la dirigencia que durante años se acostumbró a pensar que determinados apellidos tenían asegurado un piso electoral.

El caso de Verónica Crescente es todavía más significativo. En 2022 había sido la principal candidata del peronismo cordobés y enfrentó a Majorel en una elección en la que finalmente quedó a más de 16 puntos de distancia.

Cuatro años después, la política de Marcos Juárez volvió a cambiar de página.

La lección es dura: los electorados no pertenecen para siempre a ningún dirigente.

Font y la renovación generacional

En ese contexto aparece la figura de Germán Font.

Su victoria tiene también un componente generacional. Font, de 36 años, representa un perfil diferente al de los dirigentes que dominaron la política local durante las últimas décadas, con una trayectoria vinculada al sector agroindustrial y a la producción, dos elementos centrales para entender la identidad de Marcos Juárez.

No es un detalle menor.

La ciudad que durante años fue presentada como un territorio políticamente previsible acaba de elegir a una generación diferente.

Y quizás ahí esté el verdadero mensaje de estas elecciones.

No se trata solamente de que ganó el peronismo. Ganó una generación que no estaba en el centro de la escena política local.

Una paliza que excede los números

El resultado fue demasiado contundente para reducirlo a una elección pareja definida por detalles.

Font rondó el 46% y Dellarossa quedó cerca del 20%. La distancia supera los 25 puntos según los datos publicados con el escrutinio avanzado.

Eso constituye una verdadera paliza electoral.

Pero las palizas electorales también tienen una virtud: obligan a todos a escuchar.

No hay manera de explicar semejante diferencia solamente por una mala campaña. Cuando un candidato duplica prácticamente a su principal adversario, hay algo más profundo ocurriendo.

Hay una demanda social.

Hay un ciclo que termina.

Y hay una sociedad que decidió probar otra cosa.

Marcos Juárez vuelve a ser un símbolo

Durante años, Marcos Juárez fue utilizada como símbolo del nacimiento de Cambiemos.

Ahora puede convertirse en el símbolo de otra cosa: la imposibilidad de considerar eterno a ningún ciclo político.

La ciudad que en 2014 anticipó un fenómeno nacional acaba de producir otro dato político de enorme importancia.

El peronismo volvió a ganar después de 53 años.

Pero sería un error pensar que el único derrotado fue el antiperonismo.

La elección también interpela al propio peronismo.

Porque Font no ganó simplemente reivindicando una identidad partidaria. Ganó construyendo una propuesta capaz de hablarle a una ciudad productiva, agroindustrial y tradicionalmente distante del justicialismo.

Eso es mucho más importante que una victoria electoral.

El verdadero desafío comienza ahora

El 6 de septiembre termina una campaña.

Pero comienza una etapa.

Font tendrá que demostrar que el cambio que la sociedad votó puede convertirse en gestión. Tendrá que construir consensos, sostener el vínculo con el sector productivo y demostrar que la renovación generacional no es solamente un eslogan electoral.

Porque la sociedad que castiga una dirigencia también puede castigar rápidamente a la nueva.

Por eso, el triunfo de Font no debe ser leído como el final de una historia sino como el comienzo de una responsabilidad.

Marcos Juárez cambió.

Y esta vez el cambio no fue una consigna de campaña. Fue el resultado de las urnas.

El viejo mapa político de la ciudad quedó atrás.

Ahora comienza la tarea de construir el nuevo.

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