Editorial: Un mes para decidir los próximos cuatro años

Editorial: Un mes para decidir los próximos cuatro años

Las listas quedarán definidas el 7 de agosto y, desde ese momento, comenzará una campaña que durará apenas un mes. En ese tiempo, los marcosjuarenses elegirán quién conducirá la ciudad hasta 2030. Antes de decidir nombres, es oportuno detenerse a pensar qué ciudad queremos construir durante ese tiempo.

Entre el cierre de listas y la elección municipal transcurrirá apenas un poco más de un mes. Los que los candidatos presentarán sus equipos, recorrerán los barrios, expondrán sus propuestas y buscarán convencer a los vecinos de que representan la mejor alternativa para conducir Marcos Juárez. Será un período intenso, cargado de actividad política, pero breve si se lo compara con la responsabilidad que estará en juego.

Porque esa decisión no alcanzará solamente al próximo intendente. Luego del cierre de candidaturas, en apenas un mes, los marcosjuarenses definirán el rumbo de la ciudad para los próximos cuatro años. Y esa dimensión invita a mirar más allá de la lógica de la campaña para poner el foco en aquello que realmente condicionará la vida cotidiana de la comunidad.

Es allí donde la ciudad comienza a ocupar el centro de la escena.

La encuesta realizada por Cadena Sudeste dejó una señal que merece ser analizada. Antes incluso de que quedaran definidas todas las candidaturas, la mayoría de los vecinos expresó dos expectativas muy claras: esperan un intendente con capacidad de gestión y consideran que Marcos Juárez necesita cambios profundos. No se trata solamente de una preferencia electoral; es una manifestación sobre el presente de la ciudad y sobre el futuro que muchos imaginan. Las campañas seguramente ofrecerán distintas respuestas, pero el diagnóstico parece haber comenzado a construirse antes que los discursos.

Sobre ese diagnóstico deberá desarrollarse el debate de las próximas semanas.

La palabra cambio aparecerá una y otra vez durante la campaña. Sin embargo, toda idea de cambio necesita un contenido concreto. Para algunos podrá significar recuperar experiencias de gestión que consideran exitosas; para otros, incorporar miradas nuevas provenientes de la actividad privada o de una nueva generación de dirigentes. También habrá quienes entiendan que el cambio pasa menos por las personas y más por la capacidad de establecer prioridades y cumplir objetivos. Más allá de las diferencias, la campaña tendrá el desafío de explicar qué modelo de ciudad propone cada espacio y de qué manera piensa llevarlo adelante.

Porque las ciudades terminan evaluando a sus gobiernos mucho más por los resultados que por los discursos.

Las conversaciones que hoy atraviesan a Marcos Juárez muestran con bastante claridad cuáles son algunas de esas prioridades. El estado de las calles, el pavimento y el mantenimiento de los espacios públicos aparecen de manera recurrente cuando los vecinos describen las necesidades de la ciudad. La infraestructura urbana siempre representa una demanda concreta, pero detrás de esos reclamos parece existir una percepción más amplia.

No son pocos quienes sienten que Marcos Juárez ha perdido parte del dinamismo que la caracterizó durante otros momentos, que algunos espacios necesitan recuperar cuidado, movimiento y una mayor presencia del Estado. Esa percepción podrá ser compartida o discutida, pero forma parte del escenario sobre el que deberá construirse la próxima gestión.

Pero una ciudad no se define únicamente por sus calles. También se define por las oportunidades que ofrece a quienes la habitan.

En ese sentido, la próxima inauguración del Polo Educativo representa mucho más que una nueva infraestructura. Para muchas familias significa la posibilidad de que los jóvenes puedan estudiar en Marcos Juárez sin verse obligados a trasladarse a otras ciudades. Sin embargo, el verdadero desafío no termina con la apertura de un edificio. La expectativa de la comunidad es que la ciudad continúe ampliando su oferta educativa, gestione nuevas carreras, fortalezca los vínculos con las instituciones y genere las condiciones para que quienes se formen aquí también encuentren motivos para desarrollar su proyecto de vida en Marcos Juárez. Retener el talento de los jóvenes también es una forma de proyectar el futuro de la ciudad.

Porque estudiar en Marcos Juárez es importante, pero lograr que los jóvenes elijan quedarse lo es todavía más.

Esa expectativa se relaciona directamente con otra preocupación que aparece cada vez con mayor frecuencia en las conversaciones entre vecinos: el empleo. La incertidumbre económica, las dificultades que atraviesan algunas empresas y comercios y el temor a la pérdida de puestos de trabajo forman parte de una realidad que preocupa a muchas familias. Si bien un municipio no controla las variables económicas nacionales, sí puede generar condiciones para acompañar al sector productivo, facilitar inversiones, impulsar el desarrollo local y trabajar junto a quienes generan empleo.

Durante años, Marcos Juárez fue reconocida como una ciudad pujante, vinculada al trabajo, la producción y el crecimiento. Recuperar ese espíritu también forma parte de las expectativas que muchos vecinos depositarán en la próxima gestión.

Una ciudad que genera oportunidades también debe cuidar a quienes la integran.

La situación generada tras el cierre del Sanatorio Sudeste volvió a instalar la preocupación por el acceso a determinadas prestaciones de salud, especialmente entre los afiliados al PAMI que hoy deben trasladarse a otras localidades. Aunque las soluciones dependan de distintos niveles del Estado, los ciudadanos esperan que su gobierno local gestione, articule y mantenga estos temas entre sus prioridades. La capacidad de diálogo y de búsqueda de soluciones también forma parte de la gestión que la comunidad espera.

A esa agenda se suma otro desafío que comenzó a ocupar un lugar cada vez más visible: la salud mental. Instituciones educativas, familias, profesionales y organizaciones sociales coinciden en la necesidad de fortalecer espacios de prevención, acompañamiento y contención. Más que una demanda circunstancial, representa un cambio en la manera de entender el bienestar de una comunidad. Gobernar también implica reconocer estas nuevas realidades y promover políticas que acompañen a quienes atraviesan situaciones complejas.

En definitiva, todas estas cuestiones terminan hablando de un mismo proyecto de ciudad. Una ciudad no se construye únicamente con obras públicas ni con una buena administración de los recursos. También se construye generando oportunidades para estudiar, creando condiciones para que los jóvenes quieran quedarse, acompañando a quienes producen y generan empleo, fortaleciendo el sistema de salud, cuidando los espacios públicos y promoviendo una comunidad que mire el futuro con confianza. Ese es, probablemente, el verdadero debate que debería ocupar la campaña electoral.

El próximo 6 de septiembre conoceremos el nombre de quien conducirá Marcos Juárez durante los próximos cuatro años. Ese día terminará la campaña, pero comenzará el verdadero desafío: transformar las propuestas en decisiones y las expectativas en resultados.

Porque, más allá del resultado de las urnas, Marcos Juárez comenzará a proyectar la ciudad que quiere ser en 2030

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