Los 39 años de Lionel Messi y la historia detrás del ídolo que pocos conocen
Hay un Messi que ya ganó todo lo que se puede ganar arriba de una cancha.
Trofeos, récords, mundiales… todo.
Pero después está el otro, el que más queremos: el ídolo con alma de pibe sensible, el que llora sin vergüenza y se preocupa de verdad.

En Mozambique, su fundación reparte desayuno todos los días a quince mil chicos en cuarenta escuelas para que no se vayan a dormir con hambre.
En Siria mandó kits educativos para más de cincuenta mil pibes que la guerra había dejado sin escuela.
En Nepal levantó catorce centros de salud.
En Barcelona puso la plata para un centro de oncología infantil que no tiene igual en España.
Se enteró el mundo porque lo contaron los hospitales, las maestras, UNICEF.

Nunca lo anunció él.
Como si le diera pudor que lo miren mientras hace el bien.
Y hay gestos más chicos que te aprietan el pecho.
Mandó una silla de ruedas motorizada a una familia de Rosario que no podía ni soñar con ella.
A Cristian, el bibliotecario ciego de La Estrada, le regaló un aparato con inteligencia artificial para que pudiera seguir leyendo y traduciendo libros para otros como él.
En plena pandemia pagó equipamiento médico que terminó repartido por todo el país, sin fotos, sin bombo.

En su Rosario, todavía se cuentan anécdotas que lo pintan tal cual es.
El repartidor que le llevó una compra de helado en el barrio, contó cómo Messi salió a recibir el pedido y se quedó charlando con él en la puerta, como un vecino más.
En la gomería del barrio se acuerdan cuando apareció con sus hijos a inflar la rueda de la bici, esperando su turno entre la gente, sin apuro, sin postureo.

Podría vivir en cualquier palacio del mundo, ya que tiene hoteles de lujo y restaurantes propios.
Pero cuando vuelve a la Argentina elige siempre estar cerca de Rosario, en un barrio donde sigue siendo uno más.
No desfila, no hace ostentación, no llena programas de chismes.
El único lujo que se permite es seguir jugando al fútbol como si todavía tuviera algo que demostrar… y esa sensibilidad a flor de piel que lo hace llorar cuando gana, cuando pierde, cuando ve que un pibe sufre.
Por eso esta Copa la pedimos distinto. La del 2022 fue para todo el país, para sacarnos cuarenta años de bronca de encima.
Esa ya la tenemos tatuada en el alma.
Esta copa la queremos para él.

Para que la levante 1 vez más, aunque no le haga falta a nadie más que a su propia historia.
Para que ese ídolo que llora y se preocupa se vaya sabiendo que cerró el círculo como se merecía.
Y hay algo que nos pasa solo con él.
Cada vez que lo atacan —y lo atacan mucho— sabemos que no va a contestar.

Nunca lo hace!
Entonces salimos nosotros, sin que nadie nos pida nada, a poner la cara que él no pone.
Porque defendemos no solo al genio de la pelota, sino al hombre sensible, al que se emociona, al que se preocupa por los que nadie mira.
Ese es nuestro ídolo, el que llora, el que cuida en silencio, el que nunca dejó de ser ese pibe bueno del barrio.
Y por eso lo admiramos tanto, con este cariño que no se gasta.
Ojalá algún día entienda Lionel Messi cuánto lo queremos, no solo por lo que hace con los pies, sino por el corazón enorme que tiene.

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