La conmoción por las ovejas y una certeza: Alicia Pérez destacó el enorme compromiso de los alumnos del IPEA con su escuela

La conmoción por las ovejas y una certeza: Alicia Pérez destacó el enorme compromiso de los alumnos del IPEA con su escuela
  • Alicia Pérez- Directora IPEM 209 Marcos Juárez

La comunidad educativa del IPEA 209 atraviesa horas de profunda tristeza tras el ataque de una jauría que mató a tres de los cuatro ejemplares ovinos que formaban parte del establecimiento.

El hecho no solo significó la pérdida de animales premiados y de un importante proyecto productivo, sino también un duro golpe para estudiantes y docentes que trabajan diariamente en los entornos pedagógicos de la escuela.

Entre los animales que fueron atacados se encontraban ejemplares que habían sido distinguidos días atrás en Agroactiva y que representaban el esfuerzo de años de trabajo.

Además, todas las ovejas estaban preñadas y formaban parte de las actividades que los alumnos de séptimo año tenían previsto presentar próximamente en exposiciones de Villa María y Río Cuarto.

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El detalle de los hechos

La directora de la institución, Alicia Pérez, relató que todo estaba en orden cuando finalizó la jornada escolar. Sin embargo, cerca de las 19 horas recibieron el aviso de que una oveja había sido vista fuera del predio. Al regresar al campo comenzaron a descubrir la magnitud de lo ocurrido.

“Con un dolor en el alma, porque no podíamos creer lo que nos estaba pasando, todos salimos a buscar por todos lados. Llamamos a la Policía, recorrimos los barrios, fuimos a la YPF para que nos avisen cualquier cosa y pusimos todo en las redes para ver si alguien la veía”

Las horas siguientes estuvieron marcadas por la incertidumbre y la desesperación. Docentes, estudiantes y colaboradores recorrieron distintos sectores de la ciudad intentando encontrar a los animales que faltaban.

Finalmente, cerca de las 22 horas lograron hallar con vida a una de las ovejas, que había conseguido escapar de los perros y refugiarse lejos del predio.

Más allá del impacto emocional, la pérdida representa un fuerte retroceso para un proyecto educativo construido con dedicación y compromiso por parte de toda la comunidad escolar.

“Nos mataron el 80% de lo que tenemos. Entre ellas la que había obtenido el segundo premio, y la que quedó es la que tenía el tercer premio. Estaban todas preñadas y era lo que íbamos a presentar ahora con los chicos de séptimo en Villa María y Río Cuarto”

La frase refleja la dimensión de la pérdida para una escuela que contaba con apenas cuatro animales en su rodeo ovino. No se trataba solamente de ejemplares productivos, sino de herramientas de aprendizaje con las que los estudiantes adquirían experiencia práctica y desarrollaban proyectos vinculados a su formación.

Sin embargo, en medio de una de las noches más difíciles que le tocó atravesar a la institución, hubo una imagen que quedó grabada para siempre en la memoria de la directora.

“Era emocionante verlos, a los chicos preocupados, viendo las cámaras, yendo a buscar, tirando en las redes, salieron con sus motos, con sus autos, con sus bicis, se quedaron hasta última hora. Yo los veía y pensaba: qué amor que tienen por nuestra escuela”

Para Alicia Pérez, esa respuesta espontánea de los estudiantes fue mucho más que un gesto. Fue la demostración de que el IPEA 209 es una comunidad donde los proyectos se sienten propios, donde cada logro se celebra colectivamente y donde las pérdidas también se enfrentan juntos.

La tristeza por los animales muertos seguirá presente durante mucho tiempo. Se perdieron ejemplares premiados, animales preñados y una parte importante del trabajo que los alumnos venían desarrollando. Pero en medio de ese dolor también apareció una certeza que reconforta: el enorme compromiso de los estudiantes con su escuela.

Porque mientras una jauría terminó en pocas horas con años de esfuerzo, decenas de chicos eligieron quedarse, buscar, ayudar y acompañar.

El sentido de pertenencia que demostraron sus alumnos deja una señal esperanzadora: los proyectos podrán volver a construirse. Lo que no se pierde es el amor con el que una comunidad educativa sostiene a su escuela en los momentos más difíciles.

 

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