"Hoy tengo una nueva vida": la conmovedora historia de resiliencia de Marcelo Mansilla y la convivencia de 12 años con el Parkinson

  • Marcelo Mansilla

Hay historias que trascienden la enfermedad para convertirse en un mensaje de esperanza. La de Marcelo Leonardo Mansilla, de 56 años, es una de ellas. Después de convivir durante doce años con el Parkinson y atravesar los dos últimos "como un verdadero infierno", hoy vuelve a descubrir pequeños gestos cotidianos que para muchos pasan inadvertidos: caminar, escribir, tomar un café o simplemente levantarse de una silla sin ayuda.

En una profunda entrevista con Ricardo Agusti en el programa Una Nueva Costumbre, Marcelo abrió su corazón para contar el largo camino que recorrió hasta llegar a una cirugía de estimulación cerebral profunda realizada en el Sanatorio Allende de Córdoba, intervención que comenzó a devolverle la autonomía y, sobre todo, las ganas de vivir.

"No tenía vida"

"No podía comer, no podía manejar, no podía hacer nada. No tenía vida"

Con esa frase, Marcelo resumió el momento más duro de su enfermedad. Explicó que durante los últimos dos años perdió prácticamente toda independencia y necesitaba asistencia permanente para levantarse de la cama, ir al baño o alimentarse. También reconoció que el Parkinson le hizo perder parte de su vida social, laboral y personal, afectando profundamente su autoestima.

El apoyo que le permitió seguir adelante

"Si no fuera por esa familia, hoy quizás no estaría acá"

Durante la entrevista recordó con enorme emoción a quienes lo acompañaron cuando atravesó un profundo cuadro depresivo. Destacó especialmente el respaldo de una familia de Marcos Juárez que comenzó ayudándolo como acompañante y terminó convirtiéndose en un verdadero sostén afectivo.

También agradeció a su hijo, a sus amigos, a los médicos, al doctor Huerta y a la empresa donde trabajó durante años, quienes nunca dejaron de acompañarlo durante el proceso más difícil de su vida.

"Hoy tengo una nueva vida"

"No es que voy rápido. Lo que pasa es que hoy puedo hacer cosas que hacía más de dos años que no podía hacer"

Apenas unos días después de la intervención quirúrgica, Marcelo volvió a manejar, cocinar, caminar por la ciudad y compartir un café sin depender de un sorbete, algo que durante mucho tiempo había sido imposible debido a los temblores.

La cirugía que marcó un antes y un después

La intervención realizada en el Sanatorio Allende de Córdoba consistió en la implantación de un sistema de estimulación cerebral profunda (DBS), un tratamiento indicado para pacientes con Parkinson avanzado cuando la medicación ya no logra controlar adecuadamente los síntomas.

Durante la cirugía, los especialistas colocaron tres electrodos en zonas específicas del cerebro, conectados mediante cables a un neuroestimulador implantado debajo de la piel, a la altura del pecho, similar a un marcapasos. Ese dispositivo envía impulsos eléctricos que ayudan a regular la actividad cerebral responsable del movimiento.

En la entrevista, Marcelo mostró el controlador con el que los médicos irán ajustando progresivamente la intensidad de la estimulación durante los próximos meses, de acuerdo con su evolución.

"Me pusieron tres electrodos y un chip en el pecho. Con este aparato me van regulando la estimulación y todavía puedo mejorar mucho más"

Marcelo explicó que el sistema cuenta con distintos niveles de programación y que actualmente atraviesa la primera etapa de adaptación. Con el paso de las semanas, los especialistas irán aumentando la intensidad de la estimulación para optimizar los resultados.

Si bien el Parkinson continúa siendo una enfermedad que hoy no tiene cura, este tratamiento permite disminuir considerablemente síntomas como los temblores, la rigidez y la lentitud de los movimientos, mejorando la calidad de vida y, en muchos casos, reduciendo la necesidad de medicación.

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Un mensaje para quienes atraviesan momentos difíciles

"Hoy la vida la veo con otra mirada. Estoy muy conforme de lo que estoy viviendo"

Más allá del avance médico, el testimonio de Marcelo dejó un mensaje profundamente humano sobre la importancia de no perder la esperanza, aceptar la ayuda de quienes están cerca y valorar las pequeñas cosas de la vida que muchas veces se dan por sentadas.

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