Centro Vida Real: el proyecto con el que Javier Sciutto busca cambiar el destino de quienes luchan contra las adicciones
Nació del dolor, de una historia personal atravesada por más de una década de consumo y de la decisión de transformar esa experiencia en una oportunidad para otros. En una charla con Ricardo Agusti en el programa "Una Nueva Costumbre", Javier Sciutto presentó el Centro Vida Real, un espacio de rehabilitación ubicado al sur de Marcos Juárez que ya acompaña a personas de toda la región en su camino hacia una nueva vida.
Hay proyectos que nacen de una idea y otros que surgen después de haber atravesado el dolor más profundo. El Centro Vida Real pertenece a este último grupo.
Javier Sciutto contó cómo una experiencia personal marcada por más de trece años de adicción terminó convirtiéndose en un compromiso con quienes hoy enfrentan el mismo problema. Lejos de quedarse en su historia, decidió construir un lugar pensado para acompañar procesos de recuperación, devolver esperanza a las familias y demostrar que siempre existe una oportunidad para volver a empezar.
"Queremos que el Centro Vida Real sea una oportunidad para volver a empezar"
El proyecto nació como respuesta a una necesidad que Javier conoció desde adentro y que hoy observa diariamente en muchas familias de la región.
"No queremos una puerta giratoria; queremos que las personas salgan verdaderamente recuperadas"
Ubicado a 25 kilómetros al sur de Marcos Juárez, el Centro Vida Real ya recibe a personas que atraviesan un proceso de rehabilitación basado en el trabajo, la convivencia, el acompañamiento espiritual y la reconstrucción de los vínculos familiares. Allí, cada jornada combina actividades productivas, tareas comunitarias y espacios de contención con un objetivo claro: que quienes ingresan encuentren una verdadera oportunidad para reconstruir sus vidas. Aunque el predio continúa creciendo, la demanda supera ampliamente la capacidad actual.
"Cuando uno está vacío en la vida y no encuentra su propósito, empiezan los problemas"
Antes de hablar del presente, Javier explicó por qué decidió impulsar este proyecto. Su propia historia fue el punto de partida.
Recordó que consumió cocaína durante más de trece años, un período que casi termina destruyendo su familia y su futuro. Mirando hacia atrás, reconoce que aquellos fueron los años que jamás podrá recuperar. Hoy sostiene que comprender ese vacío fue el primer paso para comenzar a sanar y encontrar un propósito que le devolviera sentido a su vida.
"Perdí a mi mejor amigo por culpa de la droga y no lo pude ayudar"
El recuerdo de un amigo que falleció como consecuencia del consumo fue uno de los momentos más sensibles de la entrevista y reforzó su decisión de dedicar su vida a ayudar a otros.
"Vi el dolor que quedó en esa familia y entendí que hay heridas que nunca terminan de sanar"
Aseguró que esa pérdida lo marcó para siempre y que comprendió el sufrimiento irreparable que atraviesan las familias cuando un ser querido queda atrapado por las adicciones. Esa experiencia fortaleció aún más su compromiso con el Centro Vida Real y con cada persona que hoy golpea sus puertas buscando una nueva oportunidad.
"A los chicos hay que hablarles de la droga desde los ocho años"
Para Javier, la prevención comienza mucho antes de que aparezca el consumo y la familia ocupa un lugar central en ese trabajo cotidiano.
"Si la droga está llegando a los 12 años, nosotros tenemos que empezar a hablarles a los ocho"
Pidió a los padres no esconder el tema y hablar con sus hijos desde pequeños, explicándoles qué son las drogas, cuáles son sus consecuencias y cómo actuar cuando alguien se las ofrezca. También insistió en la importancia de acompañar a los niños en el uso de la tecnología, prestar atención a los cambios de conducta y fortalecer el diálogo dentro del hogar, convencido de que muchas historias pueden cambiar si la prevención llega a tiempo.
"La recaída no se combate con reproches, se combate abrazando"
Uno de los mensajes más profundos de la entrevista estuvo dirigido a las familias que acompañan a una persona con consumos problemáticos.
"Hoy hay que abrazarlo ¿o lo querés en un cajón?"
Durante la conversación contó que la recuperación no siempre es lineal y que muchas personas recaen antes de lograr salir definitivamente. Relató el caso de un joven al que fue a buscar personalmente después de haber vuelto a consumir. En lugar de juzgarlo, decidió abrazarlo, contenerlo y volver a acompañarlo, porque entiende que, cuando alguien toca fondo, lo que más necesita es encontrar una mano que lo ayude a levantarse.
"Hasta que me muera voy a tener que cuidarme"
Aunque hace muchos años dejó las drogas, Javier reconoció que la recuperación es un compromiso permanente.
Contó que incluso después de más de una década sin consumir volvió a sentir la tentación en un momento puntual de su vida. Esa experiencia le confirmó que la recuperación no es una meta que se alcanza de una vez y para siempre, sino un camino que exige fortaleza, acompañamiento y decisiones cotidianas. Por eso intenta transmitirles esa realidad a quienes hoy comienzan el tratamiento.
"Quiero dejarle este lugar a la región para que siga funcionando cuando yo no esté"
Más allá del presente, Javier piensa en el futuro de este proyecto como un legado para toda la comunidad.
"Quiero dejarle algo a la región para que esto siga ayudando a muchas familias"
Explicó que incluso puso a la venta su propia vivienda para sostener el crecimiento del centro si fuera necesario. Su deseo es que el predio quede en manos de una asociación civil y continúe funcionando durante muchos años, para que otras personas puedan seguir encontrando allí la oportunidad que él alguna vez necesitó.
"Dios me devolvió la vida y tengo que agradecerle hasta el día que me vaya"
El cierre de la entrevista estuvo cargado de emoción. Javier habló de su esposa Mariana, de sus hijas, de la familia que logró reconstruir y de la fe que, según sus propias palabras, cambió completamente el rumbo de su vida.
Una historia que deja una puerta abierta
El Centro Vida Real nació de una historia de dolor, pero eligió no quedarse allí. Eligió transformarse en un lugar donde la esperanza vuelva a tener un espacio.
La entrevista con Javier Sciutto no fue solamente el relato de alguien que logró superar una adicción. Fue también el testimonio de un hombre que decidió convertir sus heridas en servicio, sus errores en aprendizaje y su recuperación en una oportunidad para que otros puedan escribir una historia diferente.
A lo largo de la conversación habló del vacío, de las recaídas, de la importancia de la familia, del valor de prevenir desde la infancia, de la fe que sostiene cuando parece no haber fuerzas y del desafío de construir un espacio que reciba a quienes necesitan volver a empezar.
Porque detrás de cada persona que lucha contra una adicción hay padres que no dejan de esperar, hijos que merecen recuperar un abrazo y familias enteras que sueñan con volver a encontrarse.
Y mientras exista alguien dispuesto a tender una mano, a escuchar sin juzgar y a creer que una vida puede reconstruirse, siempre habrá una puerta abierta para la esperanza. Ese es, quizás, el verdadero sentido del Centro Vida Real.
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