Cadena Sudeste

Marcos Juárez, ¿corazón productivo del país… o una comunidad que abandona a sus mayores?

Marcos Juárez, ¿corazón productivo del país… o una comunidad que abandona a sus mayores?

Durante años, Marcos Juárez se ha presentado —y con razón— como uno de los motores productivos de la Argentina. Tierra fértil, esfuerzo sostenido, trabajo incansable.

Un símbolo del campo que empuja al país. Pero hoy cabe hacerse una pregunta incómoda, urgente y necesaria: ¿merecemos seguir llamándonos el corazón productivo del país cuando dejamos a nuestros jubilados a la deriva?

Más de 5.500 jubilados atraviesan una situación crítica. Personas que trabajaron toda su vida, que aportaron al desarrollo de esta región, hoy deben recorrer más de 100 kilómetros para acceder a prestaciones básicas de salud.

No se trata de un inconveniente menor ni de una dificultad pasajera: es un abandono estructural.

Es una herida abierta en el tejido social de una comunidad que se enorgullece de su productividad, pero que parece olvidar a quienes la hicieron posible.

El corazón productivo del país late cada vez con menos fuerza.

No por falta de recursos, sino por falta de sensibilidad. La indignación crece en la comunidad, y no es para menos. Lo que sucede es prácticamente inédito en la Argentina: una ciudad clave en términos económicos incapaz de garantizar atención digna a sus adultos mayores.

Los medios provinciales y nacionales ya han puesto el foco en esta realidad. La situación dejó de ser invisible. Sin embargo, la respuesta política dista de estar a la altura de la gravedad del problema.

En lugar de soluciones concretas, aparecen excusas. En lugar de responsabilidad, la búsqueda de culpables. Una dinámica conocida, pero no por eso menos repudiable.

¿Qué sentido tiene jactarse de tener algunas de las tierras más productivas del país si no somos capaces de cuidar a los que menos pueden? ¿De qué sirve la riqueza agropecuaria si no se traduce en bienestar para todos, especialmente para los más vulnerables?

De cara a las elecciones municipales de septiembre, estas preguntas cobran aún más peso.

¿De qué se van a disfrazar los candidatos cuando llegue el momento de pedir el voto?

Hoy, cuando la situación exige compromiso, presencia y decisión, muchos optan por mirar hacia otro lado.

El silencio también es una forma de respuesta. Y en este caso, es una respuesta que duele.

Lo mismo ocurre con los intendentes alcanzados por la problemática y, especialmente, con el PAMI.

Las decisiones tomadas hasta ahora no solo resultan insuficientes, sino que generan un profundo sentimiento de desamparo. ¿Dónde está la responsabilidad institucional? ¿Dónde está la empatía? ¿Dónde está la vergüenza frente a una medida que deja a miles de personas sin acceso inmediato a la salud?

Algunos especulan con que el tiempo diluirá el conflicto. Que la indignación pasará. Que la urgencia se transformará en resignación.

Pero subestiman a una comunidad que empieza a hacerse oír. Las urnas, tarde o temprano, darán su veredicto.

Mientras tanto, hay 5.500 jubilados que no pueden esperar. No necesitan promesas ni discursos vacíos. Necesitan soluciones reales, concretas y urgentes. Porque una sociedad no se mide solo por lo que produce, sino por cómo cuida a los suyos.

Y hoy, Marcos Juárez tiene una deuda que no puede seguir postergando.

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