2030 empieza ahora: el desafío de relanzar Marcos Juárez

El próximo 6 de septiembre, Marcos Juárez volverá a las urnas para elegir intendente, concejales y Tribunal de Cuentas. La fecha no representa solamente una renovación de autoridades.
Puede ser, también, la oportunidad para discutir qué ciudad queremos y, fundamentalmente, si estamos dispuestos a dejar atrás un ciclo de gestión que, para buena parte de los vecinos, parece haber perdido capacidad de respuesta, iniciativa y mirada de futuro.
Hay una sensación que se instaló en la ciudad y que resulta difícil de ignorar: Marcos Juárez está adormecida.
No necesariamente por falta de recursos, de empresarios, de instituciones o de gente con capacidad para emprender, sino por la ausencia de un impulso político que vuelva a colocar al desarrollo como prioridad.
La actual administración de Sara Majorel puede exhibir resultados en algunos campos. Educación y cultura aparecen como los ámbitos donde, con mayor claridad, hubo políticas, inversiones y una continuidad que merece ser reconocida. También la propia gestión reivindica el orden fiscal y el saneamiento de las cuentas municipales como uno de sus principales logros.
Pero gobernar una ciudad es bastante más que administrar correctamente una caja o sostener programas determinados.
Gobernar también es anticiparse, generar condiciones para que el sector privado crezca, defender el entramado productivo, mejorar los servicios, cuidar el espacio público, facilitar la vida cotidiana y construir una estrategia para los próximos diez o veinte años.
Y allí aparece el principal interrogante de esta elección.
Una ciudad que perdió dinámica
Durante años, Marcos Juárez tuvo una matriz productiva amplia y diversificada.
La industria, el comercio, el campo, los servicios y una importante red de pequeñas y medianas empresas conformaban un entramado que le daba a la ciudad una identidad económica propia.
Hoy esa matriz muestra signos evidentes de concentración y fragilidad.
La crisis de Metalfor es quizás la expresión más contundente de un problema que excede a una empresa.
La firma atraviesa una etapa con despidos en su planta de Noetinger y preocupación por el impacto sobre su estructura en Marcos Juárez. La empresa es una referencia histórica de la maquinaria agrícola y su situación golpea a trabajadores, proveedores y a buena parte del entramado económico regional.
No se trata de atribuirle al municipio la responsabilidad por una crisis empresarial que tiene múltiples causas. Sería simplificar un problema complejo. Pero sí cabe preguntarse qué hizo y qué puede hacer una ciudad para reducir su vulnerabilidad frente a situaciones como ésta.
Porque una ciudad que depende cada vez más de menos actores económicos es una ciudad más expuesta.
Y el problema no termina allí. El comercio local atraviesa dificultades para sostenerse. La actividad se resiente. Muchos emprendimientos sobreviven con enormes esfuerzos. Y al mismo tiempo el propio municipio, por su peso económico, termina compitiendo en algunos rubros con aquellos privados a los que debería ayudar a crecer.
Es una discusión que Marcos Juárez necesita tener: ¿el Estado municipal debe convertirse en un actor que reemplaza al privado o debe crear las condiciones para que el privado pueda invertir, producir, contratar trabajadores y generar riqueza?
El deterioro de lo cotidiano
Hay otro aspecto todavía más sensible porque se percibe todos los días: los servicios.
El deterioro de determinadas prestaciones municipales y la queja recurrente de los vecinos se han transformado, de alguna manera, en charlas habituales y recurrentes. Reclamar por una calle, por mantenimiento, por limpieza, por iluminación, por espacios públicos o por respuestas que tardan demasiado dejó de ser excepcional.
Y cuando una ciudad naturaliza el reclamo permanente, algo se rompe.
No alcanza con decir que se mantiene el equilibrio fiscal si el vecino siente que cada vez recibe menos respuestas por aquello que paga con sus impuestos.
El municipio no es una empresa, pero tampoco puede perder de vista que detrás de cada tasa hay un vecino que espera una contraprestación.
El golpe sanitario
La elección llega, además, atravesada por una situación que hubiera resultado difícil de imaginar algunos años atrás: el cierre del Sanatorio Privado del Sudeste.
La institución anunció en marzo el cese definitivo de sus actividades, luego de meses de gestiones ante PAMI y autoridades municipales, provinciales y nacionales. El cierre dejó un vacío sanitario significativo para Marcos Juárez y la región.
Desde abril, miles de afiliados quedaron obligados a recurrir a prestadores de otras localidades para determinadas atenciones, con derivaciones que en algunos casos llegan hasta Villa María, a unos 120 kilómetros. La situación provocó preocupación y movilizaciones de jubilados y vecinos.
Otra vez: no sería serio cargar sobre el municipio una responsabilidad que también involucra a PAMI, al sistema sanitario y a los gobiernos provincial y nacional.
Pero sí es legítimo preguntarse si una ciudad del tamaño y la importancia regional de Marcos Juárez puede resignarse a aceptar como natural la pérdida de servicios esenciales.
La política local debería estar discutiendo cómo recuperar esa capacidad sanitaria, cómo atraer inversiones y profesionales, y cómo volver a convertir a Marcos Juárez en un centro regional de servicios.
Mirar a los vecinos
Quizás una de las preguntas más incómodas de esta elección sea por qué otras ciudades y poblaciones de la región muestran, en algunos aspectos, mayor capacidad para generar obras, atraer inversiones, transformar espacios y construir nuevas oportunidades.
No hace falta mirar demasiado lejos.
Alcanza con observar qué están haciendo las poblaciones vecinas y preguntarnos por qué Marcos Juárez, con su historia, su ubicación estratégica, sus empresas, sus instituciones educativas y su potencial productivo, no puede hacer lo mismo o incluso mucho más.
Una ciudad no se desarrolla únicamente con pavimento, plazas o edificios.
Se desarrolla cuando logra generar un ecosistema donde una empresa quiere instalarse, un joven decide quedarse, un profesional encuentra oportunidades, un comerciante puede crecer y una familia siente que sus hijos tendrán un futuro en el lugar donde nacieron.
Ese debería ser el verdadero debate electoral.
¿Cuatro, ocho o doce años?
La discusión tampoco debería reducirse exclusivamente a la figura de Majorel. El problema es más profundo: ¿qué modelo de ciudad se construyó durante los últimos cuatro, ocho o doce años?
Porque cuando una misma fuerza política permanece durante períodos prolongados al frente de un municipio, también debe hacerse cargo del balance acumulado.
No se puede gobernar indefinidamente mirando hacia atrás.
Después de cuatro años, las excusas pierden fuerza. Después de ocho, las responsabilidades son mayores. Y cuando se habla de doce años de continuidad política, la pregunta inevitable es qué ciudad se entrega y qué ciudad se proyecta.
Marcos Juárez necesita salir de esa lógica de administración rutinaria.
Necesita un relanzamiento.
Un nuevo programa de desarrollo económico. Una política agresiva de promoción industrial. Incentivos para el comercio. Un plan para recuperar servicios regionales. Una estrategia para atraer inversiones. Una agenda de infraestructura. Una ciudad más amigable para quien produce y trabaja. Y, sobre todo, una conducción política capaz de convocar a empresarios, trabajadores, instituciones, universidades, comerciantes y jóvenes alrededor de un proyecto común.
La ciudad tiene con qué hacerlo.
Lo que parece faltar es la decisión política de poner nuevamente el desarrollo en el centro.
El 6 de septiembre no se vota solamente una persona
Por eso, esta elección debería ser mucho más que una disputa entre nombres.
El desafío es decidir si Marcos Juárez quiere continuar administrando lo existente o si está dispuesta a construir algo diferente.
La gente que desaprueba la actual gestión tendrá que transformar esa disconformidad en una discusión seria sobre el futuro. Y quienes defienden la continuidad deberán explicar por qué el modelo actual es suficiente para enfrentar una etapa marcada por la crisis productiva, el debilitamiento del comercio, la pérdida de servicios y una creciente concentración económica.
El cambio no debería ser una consigna vacía.
Debería significar volver a poner a Marcos Juárez en movimiento.
Una ciudad que durante décadas fue referencia productiva y comercial de una amplia región no puede conformarse con sobrevivir. Tiene que volver a crecer, a atraer, a generar empleo, a ofrecer servicios y a mirar hacia adelante.
El 6 de septiembre, más que elegir entre pasado y presente, Marcos Juárez tendrá la posibilidad de decidir si quiere recuperar el futuro.
Y esa debería ser la verdadera elección.





