El drama del PAMI en Marcos Juárez: cuando la política mira para otro lado

El drama del PAMI en Marcos Juárez: cuando la política mira para otro lado

Editorial del Dr. Ricardo Agusti

La incertidumbre en torno a la atención de afiliados del PAMI en Marcos Juárez dejó de ser un rumor para convertirse en una preocupación concreta.

La posibilidad de que el Sanatorio Sudeste deje de atender a la obra social de jubilados y pensionados expone una realidad incómoda: el sistema de salud local está peligrosamente cerca del límite.

Durante años se repitió una idea que hoy queda en evidencia como falsa: que la mayoría de los adultos mayores contaban con coberturas privadas que les permitían elegir dónde atenderse.

La realidad es otra. La crisis económica también alcanzó a los jubilados. Muchos debieron abandonar esas coberturas y dependen exclusivamente del PAMI.

Por eso, lo que ocurra con el Sanatorio Sudeste no es un problema administrativo ni una discusión entre prestadores y la obra social. Es una cuestión que impacta directamente en miles de personas mayores de la ciudad y la región.

Uno de los escenarios que comenzó a mencionarse es la posibilidad de que las prestaciones se trasladen a la ciudad de Villa María. Pero lejos de ser una solución, esa alternativa puede transformarse en un problema aún mayor.

Trasladar pacientes implica también trasladar a sus familias.

Significa viajes constantes, costos económicos, dificultades logísticas y, sobre todo, un enorme desgaste emocional para personas que ya están atravesando situaciones de salud complejas. Para muchos jubilados, desplazarse decenas de kilómetros para una consulta, un estudio o una internación no es una simple incomodidad: es una carga difícil de sostener.

En otras palabras, sería sumar más drama a una realidad que de por sí ya es angustiante.

El otro escenario que preocupa a los profesionales de la salud es el traslado de la demanda hacia el hospital público local.

Pero el hospital tampoco tiene margen

El director del centro de salud, doctor Agustín Siccardi, fue contundente al describir la situación: el establecimiento no está preparado para absorber de golpe esa cantidad de pacientes. La infraestructura actual es limitada. Basta un dato para entender la dimensión del problema: el hospital cuenta con apenas siete camas de terapia intensiva.

Un traslado masivo de pacientes podría saturar rápidamente el sistema.

El Licenciado Eduardo Foresi en Cadena Sudeste también fue categórico al definir el límite estructural del sistema público local: no se trata de una cuestión de voluntad.

“No es que no quiera el hospital, no puede”.

En ese punto aparece el verdadero problema. Mientras el sistema sanitario se acerca peligrosamente al precipicio, la política parece mirar hacia otro lado.

No hay definiciones claras, no hay un plan visible y, lo que es peor, no hay tranquilidad para quienes dependen de la atención médica.

La salud pública no puede hacerse cargo sola de una demanda que fue pensada para un sistema mixto donde conviven sector privado y público. Si uno de esos pilares se cae, el equilibrio desaparece.

Por eso, tanto Siccardi como Foresi coinciden en algo fundamental: es urgente un plan de contingencia.

Una respuesta coordinada entre Nación, Provincia y los actores locales que permita evitar un colapso sanitario que, de ocurrir, afectará principalmente a quienes menos margen tienen para defenderse: los jubilados.

Cada día que pasa sin una solución concreta aumenta la incertidumbre.

Y cuando la incertidumbre llega a la salud, el tiempo deja de ser un detalle administrativo. Se convierte en un riesgo.

Marcos Juárez no puede esperar a que el problema estalle para empezar a buscar soluciones.

Porque cuando el sistema colapsa, ya es demasiado tarde.

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